Toso, iluso, un simple muñeco tirado en el suelo, desparramado sin acertar con la noción de tiempo; las agujas del reloj intentan contenerlo...
Se mantiene inconstante, ahogado por la sensación que ocaciona la melancolía, está sensible a las percepciones de algo o alguien que quizás llegue a esa habitación, la alfombra rosa viejo lo contiene aunque con su color lo debilita, el vientito que entra por la ventana mueve de tal manera las cortinas que logra asustarlo (no asistirlo), lo aisla del miedo de la isla de sus sueños, y de pronto como si nada fuera a pasar se lo lleva al jardín, lo deja reposando en un lapacho y queda ahí por horas, hasta que de repente comienzan a entrar por diferentes partes de su cuerpo hormigas, cientos de pequeñas obreras de la maldad; mi abuela como el resto de un montón de gente las odia y las reprime con gamesan, después de todo, quien no tiene un hormiguero en su casa, quien en algún momento no se ha quedado sentado leyendo o haciendo algo y cuando menos espera aparecen por las piernas varias de ellas, como una manifestación subiendo por una avenida, te hacen un piquete en la pierna como forma de represión, como reclamando su espacio.
Mi abuela venía con la pasta dentrifico en sus manos y me ponía en las piernas, había visto como me rasque por un rato y decidió aliviarme un poco, y sí, era como una crema que refrescaba y me hacía olvidar por un momento la picazón.
Dejo de lado el libro que estaba leyendo y veo alrededor las cosas que abarcan ese entrañable lugar, una pala inclinada en la carretilla como un paisano en un mostrador bebiendo algo; unos baldes cargados con hojas secas, expresando el arte de la naturaleza muerta, el coro de las chicharras y algunos tenues cantos de algún casero o venteveo, y detrás recostadito, ese, aquel viejo y lindo muñeco, sentía que realmente me miraba y que me quería decir algo, estuvimos un rato así como embobados, ahsta que mi Buela me toca el hombro para darme un mate... después de unos segundos pienso para mis adentros: "Pucha, como son los muñecos a pesar del tiempo, nos invaden con sus recuerdos, con sus telas desgastadas, nos llevan a esa vez en que relucian sus radiantes colores". Me acerco y lo levanto, lo sacudo para percudir la tierra y algunas hormigas que tenía, y le pongo un poco de la pasta dental y él me mira con su ojo de botón caído como diciendo no siento efecto, lo abrazo un poco y respiro su húmedo y extraño perfume, la tarde comienza a irse y mi abuela que por la ventana me llama para que vaya a hacerle un mandado...